Entre mayo y septiembre de 2025, avalanchas, deslizamientos de tierra e inundaciones repentinas arrasaron comunidades montañosas en Suiza, Nepal y Pakistán, destruyendo infraestructura y causando muertes y desplazamientos. Los tres desastres tuvieron detonantes similares: el deshielo del permafrost y las inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares, que ocurren cuando el rápido aumento del agua de deshielo provoca que los lagos glaciares se desborden.
Estos desbordamientos son cada vez más frecuentes debido a la crisis climática y se estima que amenazan a 15 millones de personas en todo el mundo. También son señales de advertencia sobre el grave deterioro que los glaciares —entre los indicadores más sensibles del cambio climático— están sufriendo. Según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial sobre glaciares, en 2024 todas las regiones glaciares del planeta reportaron pérdidas por tercer año consecutivo debido al aumento de las temperaturas y a los cambios en los patrones de lluvia y nieve.
El rápido ritmo del cambio glaciar
Los glaciares son uno de los ecosistemas más vitales y a la vez vulnerables del planeta. Presentes en todos los continentes, almacenan alrededor del 70 % del agua dulce del mundo, retenida en forma de hielo durante los meses fríos y liberada en las estaciones cálidas por medio de deshielos graduales que sustentan ríos, la agricultura, la energía hidroeléctrica y muchas formas de vida, desde plantas hasta animales. Sin embargo, su retroceso está transformando paisajes y poniendo en riesgo a más de 2.000 millones de personas que dependen de dichos deshielos estacionales para sus medios de vida.
El deshielo glaciar debería formar parte de un ciclo hidrológico estable, pero el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera lo está llevando al límite y creando ciclos de retroalimentación peligrosos. Cambios ambientales como tormentas más frecuentes y la contaminación del aire están depositando carbono negro, polvo y arena sobre los glaciares, oscureciéndolos y reduciendo su capacidad de reflejar la luz solar. Esto acelera su deshielo, provocando el descongelamiento del permafrost y la liberación de más gases de efecto invernadero contenidos en dicho permafrost, lo cual impulsa un mayor calentamiento.
A corto plazo, esto amenaza la estabilidad de ecosistemas como los lagos glaciares, y las comunidades aguas abajo pagan el precio. A largo plazo, el agotamiento de las reservas de hielo afectará la seguridad hídrica global y el aumento del nivel del mar. En términos de biodiversidad, amenaza los hábitats y zonas de reproducción de especies de agua dulce, mientras que las alteraciones en las complejas comunidades microbianas presentes en la criosfera tendrán implicaciones que las científicas y científicos apenas comienzan a comprender.
Las decisiones que se tomen en esta década determinarán el hielo que quedará para las generaciones futuras. Con un promedio de 1,5 °C de calentamiento global, permanecerá más del 54 % de la masa glaciar mundial en comparación con 2020; con 2,7 °C, solo el 24 %. El Informe sobre la Brecha de Emisiones 2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente concluyó que las políticas actuales nos encaminan a 2,8 °C.
Eslovenia y Venezuela ya han perdido todos sus glaciares, y las investigaciones siguen señalando regiones que pronto correrán la misma suerte. Los glaciares tropicales y de baja altitud, por ejemplo en el Perú, Indonesia y Uganda, están encaminados a desaparecer para 2100, y en el Hindú Kush-Himalaya, donde los glaciares alimentan importantes cuencas fluviales que sustentan a unos 2.000 millones de personas, solo una cuarta parte del hielo podría permanecer de darse un aumento de 2 grados en la temperatura. Los glaciares del Cáucaso también retroceden rápidamente, habiendo sufrido ya la pérdida de más de 11.000 millones de toneladas de agua dulce.
África oriental en la línea de fuego
África oriental es una región donde la crisis es más pronunciada. El Monte Kilimanjaro en la República Unida de Tanzanía, el Monte Kenya, así como las montañas Rwenzori en la frontera entre la República Democrática del Congo y Uganda albergan los últimos tres sitios glaciares del continente africano, y están desapareciendo más rápido que en casi cualquier otro lugar del planeta. Para 2040, los glaciares del Kilimanjaro podrían desaparecer; los del Monte Kenia podrían hacerlo incluso antes, en los próximos cuatro años.
Datos recientes de detección remota muestran que en 2022 la superficie glaciar total restante en África oriental era de apenas 1,36 kilómetros cuadrados, lo que marca una disminución de más del 300 % en comparación con el año 2000.
El río Ngare Ndare, alimentado por los glaciares y las capas de nieve del Monte Kenya, ha reducido su nivel de agua en un 30 % en la última década, lo que hace que las más de 2 millones de personas en Kenya y la República Unida de Tanzanía que dependen de este recurso sientan estos cambios de manera aguda: desde la disminución del caudal hasta menor rendimiento agrícola y producción de leche, y más erosión del suelo, enfermedades y deslizamientos de tierra.
El PNUMA trabaja con gobiernos, organismos regionales, ONG locales y nacionales, y comunidades para construir y fortalecer la resiliencia frente a las condiciones cambiantes. El Programa Adaptación en Altitud y la recopilación de soluciones Montañas ADAPT son dos iniciativas que el PNUMA —como parte de su nuevo proyecto Montañas Resilientes— y sus socios están implementando para ayudar a las comunidades montañosas de África oriental a desarrollar resiliencia, incluso mediante la diversificación de medios de vida, la restauración de paisajes, el fortalecimiento de los bosques y el uso de soluciones basadas en la naturaleza para mejorar la producción de alimentos y la gestión del agua.
Desde 2023, el PNUMA también ha facilitado la creación y puesta en marcha del programa de Pequeñas Subvenciones Montañas ADAPT, financiado por Austria, que en su despliegue completo en 2026 apoyará a organizaciones comunitarias con pequeñas subvenciones para implementar proyectos de adaptación y resiliencia liderados localmente. En 2025, la Yiaku Laikipiak Trust, cerca del Monte Kenya, utilizó una subvención para mejorar la soberanía alimentaria, ayudando a más de 400 indígenas Yiaku a fortalecer su resiliencia frente a impactos ambientales y de mercado mediante cultivos inteligentes frente al clima y sistemas de riego mejorados.
El hielo en la agenda
Reconociendo que la pérdida de glaciares es una preocupación global que requiere acción coordinada, los Estados Miembros están considerando una nueva propuesta de resolución relacionada con los glaciares y la criosfera en general, que se debatirá en la Séptima sesión de la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (UNEA-7). Esta Asamblea es el máximo órgano decisorio sobre el medio ambiente y está siendo realizada por el PNUMA en su sede de Nairobi del 8 al 12 de diciembre.
El proyecto de resolución se basa en la decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas de declarar 2025 como el Año Internacional de la Preservación de los Glaciares y el 21 de marzo como el Día Mundial de los Glaciares.
“Los glaciares son un sistema de alerta temprana, y esa alarma está resonando”, afirmó Julian Blanc, Director de la Subdivisión de Biodiversidad y Tierras del PNUMA. “Cuando perdemos glaciares, no solo perdemos hielo: perdemos agua, seguridad alimentaria, patrimonio, culturas y la posibilidad de un futuro estable. Cada fracción de grado cuenta. No es demasiado tarde para salvar una gran parte de nuestros glaciares”.


