En las empinadas y rojas colinas del distrito de Ngororero, en el noroeste de Ruanda, Antoine Nsanzumuhire eleva suavemente un panal de una de sus colmenas. Las abejas se arremolinan a su alrededor mientras él alza delicadamente el entramado, lleno de miel dorada.
Nsanzumuhire tiene 200 colmenas modernas repartidas por su granja bordeada de bosques, algo que él mismo apenas puede creer. Hace tan solo unos años tenía 20, ya que los deslizamientos de tierra y el clima errático, empeorado por el cambio climático, devastaron su pequeña operación apícola. Pero con el apoyo de un proyecto respaldado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se unió a una cooperativa local. Las y los miembros le enseñaron cómo usar colmenas modernas y plantar árboles alrededor de su granja, lo que ayuda a aumentar la producción al proporcionar terrenos de alimentación para las abejas.
“El dinero que gano ahora me permite planificar dos objetivos principales”, dice Nsanzumuhire. “El primero es construir una buena casa, y establecer mi propio negocio de miel”.
Nsanzumuhire es uno de los cientos de agricultores ruandeses cuyos ingresos han aumentado gracias al proyecto respaldado por el PNUMA, lanzado por la Autoridad de Gestión Ambiental de Ruanda, con el apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por su sigla en inglés). El proyecto, activo en comunidades de todo el país, está ayudando a restaurar bosques y humedales al tiempo que equipa a los agricultores con medios de vida más resilientes al estrés climático.
Las y los agricultores, que forman la columna vertebral de la economía de Ruanda, han visto disminuir la productividad de sus cultivos bajo el peso del cambio climático y el clima errático, incluidas o las inundaciones o las sequías severas, que afectan la erosión del suelo y degradan aún más la tierra.
En tiempos de productividad fluctuante de los cultivos, la apicultura proporciona una fuente adicional de ingresos. Pero para que las colmenas prosperen, las comunidades han tenido que embarcarse en un ambicioso esfuerzo para restaurar tierras degradadas y plantar árboles, que absorben la lluvia y anclan el suelo con sus raíces, reduciendo el riesgo de inundaciones, sequías y deslizamientos de tierra. Los bosques también se han convertido en un lugar de alimentación para las abejas.
La siembra de árboles tiene otro beneficio: los bosques absorben dióxido de carbono del aire, lo que ayuda a enfriar el planeta y contrarrestar la crisis climática.
El trabajo en el distrito de Ngororero es lo que los expertos denominan adaptación basada en ecosistemas (AbE) ante el cambio climático. Mirey Atallah, directora de la Subdivisión de Adaptación y Resiliencia del PNUMA, menciona que la adaptación basada en ecosistemas es una solución rentable a la crisis climática.
“Lo que hace que la adaptación basada en ecosistemas sea tan poderosa es que resuelve más de un problema a la vez: refresca la tierra, restaura la biodiversidad, reduce las inundaciones y pone dinero en los bolsillos de las personas”, declara Atallah.
Después de años de degradación ambiental impulsada por actividades humanas como la minería ilegal, la tala y el sobrepastoreo, y agravada por la crisis climática, el proyecto apoyado por el PNUMA en Ruanda restauró más de 700 hectáreas de ecosistemas degradados, incluidos bosques, humedales, sabanas y riberas de ríos.
En el oriente de Ruanda, en el distrito de Kirehe, Marine Babonampoze, vestida con su traje de apicultora, camina por el bosque ahora protegido de Ibanda-Makera, donde los melódicos cantos de los pájaros y zumbidos de los insectos llenan el aire. A ella se unen otros apicultores de una nueva cooperativa, también establecida con el proyecto apoyado por el PNUMA.
Babonampoze enfatiza el poder de la comunidad. “Los miembros de la cooperativa trabajamos juntos y nos cuidamos unos a otros”, dice Babonampoze. “Cuando nos unimos, todo mejora”.
Si bien la apicultura en Ruanda es considerada una actividad masculina por tradición, el proyecto ha beneficiado a las mujeres de la comunidad. “Al principio, éramos solo hombres”, dice Jean Baptiste Ngirinshuti, representante de una cooperativa en Kirehe. “Las mujeres que ya se habían unido y mejorado sus medios de vida trajeron a otras, por lo que ahora participan más mujeres que hombres”.
Desde que se estableció el proyecto, los rendimientos de la cooperativa apícola de Ngororero se han disparado casi 10 veces, a 264 kg por temporada.
Para miembros de la cooperativa como Goretti Bahirumwe, la apicultura se ha convertido en un salvavidas. Cuando su esposo enfermó, se vio obligada a vender sus vacas y cerdos para cubrir los gastos médicos. Cuando él falleció, ella tuvo que cuidar a sus seis hijos por sí sola. Unirse a la cooperativa de Ngororero le dio la oportunidad de reconstruir su vida.
“Cuando se talaba el bosque, nuestras abejas no tenían dónde alimentarse y no había rendimiento”, recuerda, señalando que la apicultura la ayudó a comprar ganado. “Pero ahora, con el bosque protegido, nuestras abejas tienen buen rendimiento y seguridad”.
Para obtener más información sobre el proyecto, visite Construyendo la resiliencia de las comunidades que viven en los bosques, sabanas y humedales degradados de Ruanda.
Acerca del Fondo para el Medio Ambiente Mundial
El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por su sigla en inglés) incluye varios fondos multilaterales que trabajan conjuntamente para abordar de manera integrada los desafíos más apremiantes del planeta. Su financiación ayuda a los países en desarrollo a enfrentar desafíos complejos y trabajar para alcanzar los objetivos ambientales internacionales. En las últimas tres décadas, el GEF ha proporcionado más de US$ 26 mil millones en financiamiento, principalmente como donaciones, y ha movilizado otros US$ 148 mil millones para proyectos prioritarios impulsados por los países.
La solución sectorial a la crisis climática
El PNUMA está a la vanguardia del apoyo al objetivo del Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura global muy por debajo de los 2 °C y aspirar a 1,5 °C, en comparación con los niveles preindustriales. Para ello, el PNUMA ha desarrollado la Solución Sectorial (enlace a sitio web interactivo en inglés), una hoja de ruta para reducir las emisiones en todos los sectores de una manera alineada con los compromisos del Acuerdo de París y en busca de la estabilidad climática. Los seis sectores identificados son: energía; industria; agricultura y alimentación; bosques y uso de la tierra; transporte; y edificios y ciudades.


